miércoles, 21 de enero de 2015
Éramos la noche y el día, ¡Pero qué noche la de aquel día!
Hace tiempo que me di cuenta de que no puedo seguir yendo hacia ninguna parte, y por eso he dejado de ir. Ya no me muevo, ¿sabes? Por el miedo. El vértigo. Y ahora que estoy aquí, al borde del abismo, pensando en si caer o si girarme y caminar, con miedo al camino, con miedo al propio miedo, entonces quizás ahora sí, en este preciso instante, quizás mientras me doy la vuelta, necesito que alguien me salve. Pero solo conozco fantasmas. Y sé que si me giro no habrá nadie real.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario