domingo, 17 de mayo de 2015

Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es admirable.


Te quiero hasta el punto en el que tus parpadeos no saben a quién pertenecen. O desde la canción que tarareaba la matrona cuando te traía al mundo. Si me esfuerzo un poquito, puedo nacer algunos años antes y llenar tu mundo de guardería, de miramientos o arrastrarte hasta el patio de arena donde seguramente te hiciera empezar a mover tu cuerpo (aún en contra de tu voluntad consciente). Aunque todavía más allá de orígenes ya te he respirado antes. 

Ya te he seguido de puntillas ansiosa, expectante y tuya, hasta chocarme con aquella noche en la que, por fortuna, te empezaron a crear para mi mundo.






No hay comentarios:

Publicar un comentario