Olvidarte es un asunto complicado. No complicado como hacer un sudoku a las cuatro de la mañana con una borrachera eterna. No. No difícil como atar una soga a un elefante marino. No. Ni como adivinar la contraseña de cada uno de tus corazones. Es complicado. Como tú. Como seguir respirando mientras me aprietas dentro. Mientras me recuerdas que aún existes.
Y, joder, respiras.
Para mí.