Me queda tu aliento como un fantasma vagando en la noche sin rumbo. Como el aura de mi soledad que se pasea desnuda, arrancándose a girones retazos de piel en cada sitio que alberga tu ausencia. Me queda el último suspiro de un recuerdo olvidado, la tibieza de lo que recién se nos escabulle entre los dedos. Me quedan tus ojos fijos clavados en los míos que sin hablar me prolongaban el universo de todo lo que callan. Me queda una ilusión marchita de eternos y para siempres, en la que nunca confié, pero que existía. Me queda de tu adiós sus cinco letras, resonando con ecos de distancias ya insalvables, entre tus sueños y mi poco que darte. Me queda, amor, el amor. Y un invierno de silencios. Y un dolor aturdido atravesado en la garganta. Todo eso y más... Al borde de un abismo de intransitables olvidos
donde solo habitas tú.
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