martes, 10 de marzo de 2015

Saca de tu vida a quien ya no te quiera en la suya.


Cuando él se bebió la luz de un sorbo ya no hubo dos noches iguales. Y aunque los sueños intentaron repetir la imagen del silencio de su piel, no hubo Dios capaz de rescatarla de aquel basto desierto de lo que fue al que llamamos memoria. Sin embargo conservo algún recuerdo de sus formas, como un instante de magia entre mis manos torpes. Lo fugaz y lo eterno dirimiendo un limite.

Y tú, tú solo naciste para que el olvido que todo lo corroe y lo devora, te roce y no te tenga.



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