domingo, 30 de agosto de 2015

Llega un punto en el que te da miedo encariñarte con alguien, porque sabes que tarde o temprano se irá de tu vida.


Nunca fui capaz de entender por qué era blanca aquella luz. No eran míos aquellos sueños. A mí se me habían acabado antes de conocerte. Era invierno. Llovía. Me hablaste de ti. Del café. De las pesadillas. Te dije que no nos conocíamos. Continuaste hablando de literatura como si yo no hubiese dicho aquello. Encendiste el cigarrillo, despacio. Me miraste. Nos conocemos si nos desgarra la misma literatura, dijiste. Apreté los labios. La frase que más quería decirte era lo entiendo. Lo entendía porque tú también estabas triste. Hacía tiempo que yo había asimilado la tristeza. Pintar las paredes de blanco. Escribir sobre ellas toda nuestra literatura. Ni tuya ni mía. Quizá fue una forma de reconocerse entre las sombras. El mismo café. Las mismas pesadillas.

Y ni siquiera tú fuiste capaz de apagar el frío.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Aprendí que a veces el que arriesga no pierde nada, y que perdiendo también se gana.


Es como llegar a ese momento absurdo previo a que se acabe todo, la consciencia absoluta de cuál es el punto siguiente, el punto final a esa broma finita que os traéis entre manos. Y sin embargo ambos seguís manteniendo vuestro papel intacto, bailáis en la impostura justo antes de tirar el telón al suelo y prenderle fuego. Todo es normal aunque ambos sabéis que todo es distinto esta vez, que el futuro ya no es el previsto. Imágenes de una solución más drástica y dramática se os vienen a la cabeza, quizás una copa envenenada con tal de no reconocerse ante los ojos, que la obra que lleváis a cabo no va a acabar donde esperabais. Sin embargo todo es más estéril, más aséptico. Sencillamente la noticia que ambos sabéis llega por fin, alguien pronuncia el discurso final y el teatro se acaba y los personajes, no se sabe muy bien cómo, desaparecen, y solo queda la piel desnuda del intérprete, que lleva tanto tiempo en el papel que se le había olvidado que era más que todo ese absurdo. Y entonces cada actor se va por su lado sin ningún rumbo fijo, sin saber siquiera si sus pasos erráticos les conducirán al paraíso o al abismo.




martes, 25 de agosto de 2015

Las cosas que valen nunca son sencillas.


Recién te leo.

Y me doy cuenta; claro que te eché, cómo no, te expulsé de mi vida, te puse muy lejos, ¿acaso pretendías otra cosa?, ¿acaso pretendías amarme todo el insomnio, soportar a medias conmigo el peso de las ojeras? ¿creías que ibas a poder aguantar, toda la enfermedad, las voces en mis huesos? La locura se habría apoderado de ti, ¿cómo podría permitirme yo dejarte enfermar? Entiende que mi amor era suficiente como para desear alejarte, tenerme cerca te habría envenenado. Por eso te alejé. No pretendo que me perdones, no pretendo que lo entiendas, no pretendo, sin más. Tan solo procuré hacerte el menor daño posible. Y confieso que también intenté protegerme; no dejar que te acercases lo suficiente. Pero lo hiciste igualmente, y por eso tuve que echarte. Por eso y por lo otro, ya sabes. Pero a veces... Qué sé yo. 
Escríbeme.



domingo, 23 de agosto de 2015

Lee un buen libro, ten sexo salvaje de vez en cuando,haz cualquier cosa q te haga feliz porque la vida es una sola.


No sé por qué te escribo, hoy, si mañana siempre será mañana. Qué absurdo. Mirar por la ventana, escribirte. Qué pretendo. ¿Retomar el contacto? Ilusorio. Casi irrisorio, diría. No tiene ningún sentido. Fui yo quien te echó de mi vida, hace ya tanto y tan poco. Quizás es eso lo que me da la confianza para reclamar tu atención de nuevo, ¿no crees? Quiero decir, de haberme repudiado tú, me cohibiría mucho más lo de escribirte, pero sin embargo, no sé, qué puedo perder. La pelota en tu tejado, alfil a C4, te toca mover, o lanzarme el balón. Aun así, he estado meditando profundamente si debería hacer esto o no. Concluí que no, pero sabes que nunca me han convencido siquiera mis propias conclusiones, así que lo he hecho aunque no quiero, porque sospecho que en el fondo sí que quiero. No lo sé. Sabes que no soy de esa clase de personas que coleccionan las certezas. Son las 23:47, no hace sol, las cortinas están echadas. La casa, muda, echa de menos tus pasos casi tanto como yo.



viernes, 21 de agosto de 2015

Sí arriésgate, esa siempre es la respuesta.


Hace tiempo que busco un nombre para darte, mi amor: El rastro de los animales al morir, la luz de un candil que se apaga, la última sílaba de una última palabra. Pero el abecedario quizás es algo que no te alcance porque no hay una realidad que te avale, porque no hay un referente donde imaginarte. Cuando levantas el vuelo y no sé cómo llamarte, cómo atraerte sin reclamo, cómo decir quién, aquí, allí, contigo. Ojos entornados en los que ahogarse, áspera piel de hojarasca, extraña porción de tierra no sembrada. Hacía tanto tiempo que buscaba un nombre que darte, intersticio mío,  pequeña herida mía... lenguaje roto.



jueves, 20 de agosto de 2015

Hazme el amor, pero de tu vida.


Llevo toda la mañana leyendo poemas de otros, magníficos, de esos que sabes que en tu puta vida serás capaz de escribir porque el talento no existe, o no es suficiente, o no alcanza para más. Llevo toda la mañana, decía, pensando en ti y leyendo los poemas de los demás para llegar a la genial conclusión de que has venido aquí a confirmar lo mala poeta que soy o lo mucho que te quiero, eso ya como lo vayas viendo.




miércoles, 19 de agosto de 2015

Todo vale la pena si te hace reír.


Ahora que sé que aquel año fue mucho más que un golpe de estado en Birmania, ahora que se saben claros los ojos, pequeña la boca y la herida, pequeñas también las manos que tocan y resbalan esta medida. Ahora que huelo las calles sin reconocerlas que pestañeo, silbo y canto y parece no haber ni tiempo ni espacio. Ahora que guardo el sabor de los aviones y los trenes y los billetes con fecha de ida y vuelta en el dorso de mis manos. Ahora que las monedas tienen más bordes que caras o más caras que cruces y la vida limpia de polvo los azulejos y los bolsillos de los pantalones se vacían llenos de pequeñas cosas tempranas. Ahora que tengo sueño de tantas vidas como no viví. Ahora que no es ahora y tengo tanto mundo que escribir.




martes, 18 de agosto de 2015

La persona que te conviene es aquella que teniendo la libertad de hacer lo que quiera, te elige a ti en todo momento.


Notar que se me congela el corazón cuando las cerezas están de temporada y se me entorpecen las manos al coger las cosas en el supermercado. Ver cómo empujas el carrito de la compra  y sonríes y hablas de la cotidianidad de la subida de los precios de los alimentos básicos, de lo raro que es cocinar para dos, limpiar para dos, una almohada para dos, querer para dos. De los 10 grados de distancia que quedan siempre entre nosotros y el mundo.



Valorarse es entender que si te vas a querer a ratos, es mejor que no te quieran.


Sabes que un año ha sido bueno cuando no tienes que pensar si lloraste más de alegría o de tristeza, porque lo sabes incluso antes de que te formulen la pregunta. Y este está siendo uno realmente bonito. También sabes que fue bueno si al final de él, justo en el último día, no te cabe la menor duda de que lo mejor que pasó fueron las personas que te ocurrieron. Y mi año tiene nombre, tu nombre. Uno muy corto y fácil, bonito, uno que suena como miles de sinfonías de violines cada vez que se acerca a mis labios y se pronuncia. Esto no es un post como los de todos los días sobre las cosas que hice en otros años, ni de los libros que leí y que más me gustaron o de las veces que reí con amigos (y creed que fueron muchas), ni siquiera de todos los objetivos que conseguí. Es una entrada sobre el amor. El de verdad. Ese que para Cortázar te dejaba clavado como una estaca en mitad de algún lado. El amor que crea belleza, que inventa mundos, que genera lo inconmensurable. Ese amor en forma de isla, de océano mar, que Baricco nos ha regalado para que fuéramos conscientes de la necesidad de conocerse y de hacerse juntos. Porque he aprendido que el amor no es un resultado, sino un constante hacerse. Construirse todos los días. Y este año me está empujando a la arquitectura de tu cuerpo, a las formas, a las bóvedas del amor. A edificar una casa dentro de otra casa. A estar en el interior de tus venas. Este siempre será el año en el que enamoré por primera vez. De verdad. El año en el que aprendimos que los milagros existen y que mojan. 
Porque tú y la lluvia y un océano mar.



domingo, 16 de agosto de 2015

No necesites a nadie. Pero quiere, quiere mucho. Quiere por encima de tus posibilidades.


Entre el "lo que no fuimos" y el "lo que nunca seremos" se encuentran todas las cosas que tanto tememos, si entendemos como temible, amar el hecho equivocado. Todos esos actos de azar y de repetición, todo eso que te reafirma como persona, como eterno buscador de imposibles. Como el que se ha de saciar solo con lo intangible. Todo eso que lees, todo lo que ves o lo que escuchas y que te perfora dentro, pero te deja vacío o quizá demasiado lleno, por qué, créeme, da igual la perspectiva. Entre lo que no quisiste ser y lo que no llegarás a ser, te corre una vida. Y con suerte, un par de grandes amores.



sábado, 15 de agosto de 2015

Me gustan las personas que dicen todo lo que piensan, pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen.


Qué nos lleva a ser estúpidos, me pregunto. Qué nos lleva a algunos a una lenta autodestrucción. Qué nos lleva al insomnio inducido, a no querer dormir, a no querer comer bien, a querer drogas, a querer que la vida nos pase por encima. Qué nos lleva a producirnos las heridas, a inducir castigo, a desear el dolor. Yo tengo una respuesta: La nada. El horror, la más absoluta nada. El saber, de alguna manera, que sin dolor no habría nada. No ser un lienzo en blanco, sino una criatura incierta encerrada en una habitación sin muebles y sin luces. Dándonos contra las paredes. Estar en el interior de un cubo sin luz. La única opción posible, el único atisbo de realidad, el único recuerdo de estar vivos es golpearnos contra la pared. Sentir el dolor. Darnos cada vez más fuerte. Recordar que no es mentira. Que estamos vivos.
Duele, sí.

Al menos duele.




viernes, 14 de agosto de 2015

Y entonces, cuando estés enamorado de ti mismo, podrás ser feliz y amar a alguien de verdad.


La imagen del patio encalado, lleno de macetas y rosales. La imagen de los bancos de piedra que lo rodean. La imagen de mí misma con 8 años, sentada en uno de esos bancos de piedra, el más pequeño. Moviendo las piernas desnudas, llenas de verano y heridas de juego. Y mi abuelo entrando por el portal con alcohol, mercromina y algodón.  La imagen del patio encalado, lleno de macetas y rosales vuelve una y otra vez. ¿Estaré viviéndola de continuo en alguna otra parte? ¿He salido de aquel patio alguna vez? Creo que no. Nunca he tenido más de 8 años. Abuelo, escuece. Y los recuerdos también.



miércoles, 12 de agosto de 2015

Desconozco lo que nos espera, pero si te quedas...prometo contarte el final de esta historia el último día de mi vida.


¿Cuánto tiempo crees que aguantaremos el equilibrio si empezamos a mirarnos tan de cerca? 
No me falta mucho para que mis ojos hagan que te tambalees y tengas que inventarte una palabra para disfrazarnos. Mira, qué cómodo me resulta camuflarte entre mis versos. Tan fácil y natural como resulta la ambigüedad en la que nadamos últimamente.
¿Cómo crees que acabará esto? Hace días que ya no te concedo otros nombres y que me asusto con sueños e iniciales, que te apodo “deseo y mirada” y luego sacudo mi cabeza. Porque soy una cabrona y tú, un puto incorregible.

Bésame.






Olvidamos con el corazón y no con el tiempo.


Cuando me siento triste escucho jazz. Es como ponerte a pelar cebollas y aprovechar para llorar a alguien, sin que se note mucho. Es una excusa mala, lo sé, como lo son en realidad todas las excusas. Pero empieza a sonar Chet Baker y las lágrimas salen solas, fácilmente, como los sonidos de la trompeta. Y llega un momento en que ya no sé si son corcheas o fusas o silencios lo que lloro, o eres simplemente tú. Tú que me suenas a swing y a pentagrama. Extrañar a alguien debería estar homologado como deporte de riesgo o de competición. Porque al final todo esto es así, mirar quién es el que echa más de menos. Saber quién va a salir perdiendo, el tiempo descompasado y la prórroga de la pérdida.

Y tener el jazz o las excusas suficientes para llorarte.  Como los saxofones, que también te lloran.




lunes, 10 de agosto de 2015

La distancia une aún más a la gente que se quiere.


¿Qué sabes tú del amor? ¿Acaso sientes el alma palpitándote en la yema de los dedos? ¿Acaso te bombea el corazón en los párpados? Notas una revolución en tu cuerpo y crees que es el amor. Crees todas esas tonterías que te cuentan tus escritores. El amor es más que eso. El cuerpo se convierte en la última terminación nerviosa de esa especie de calambre. Pero empieza antes, ¿sabes? mucho antes que en el cuerpo, el amor se nota dentro. Pero sobre todo se nota fuera, desengáñate, tu cuerpo es lo de menos. Lo sientes fuera. Por ahí, en las calles, en el super, en la cocina, en el parque por mañana. Cuando ella se marcha, y tú sientes que mueres... ese vacío en que te quedas y que te impregna entero. 

Eso es el amor, pequeño: 
El hueco que te atormenta y las ganas que tienes de llenarlo.



domingo, 9 de agosto de 2015

Arriésgate a ser feliz.


El conejo blanco fue siempre la excusa que tuvo Alicia para echar a correr. Y correr es siempre la excusa de algo mucho más importante. No tiene por qué ser algo malo. El automático ejercicio de huir, acompasando piernas y brazos a la vez es saludable. Huye tú una o dos veces por semana, te lo aconsejarán, ya veras. Pero el descenso... ¡ay, el descenso! Como el de Alicia mientras caía en el pozo. Será lento, casi eterno. Aunque después de todo, mientras caes, siempre podrás preguntarte qué pasará luego.


Incluso antes del golpe se te concede la prórroga del conocimiento.




sábado, 8 de agosto de 2015

Lo más valioso en la vida, no es lo que tenemos sino a quien tenemos.


Para qué nos vamos a engañar, a veces esto es cierto. A veces todo el terror va por dentro y la gente gasta toda su vida esperando algo que ni siquiera sabe si llegará. Como si fuéramos por la vida cargando un aparato, un detector de metales, igual que la gente que va a la playa y quiere encontrar monedas y rastrea toda la arena, nosotros buscamos una señal que nos haga entender nuestra existencia o que justifique el hecho de seguir respirando. Pero a veces tenemos suerte. Y ansiamos algo durante mucho tiempo y un día, de repente, aparece. Dejas de recordar entonces los días, los meses o los años que han podido huir. Y no sabes muy bien si has sido tú el descubridor o el descubierto. Pero eso no importa ahora, ahí está nuestro por qué.

El aparato emite pitidos. Ahí está, disfrútalo. Somos los más ricos de la playa: ¡LA HEMOS ENCONTRADO!



viernes, 7 de agosto de 2015

Quien no demuestra lo que siente, pierde lo que quiere.


En la vida hay gente que no te planteas nunca que vaya a desaparecer, sencillamente no se te pasa por la cabeza que esas personas un día puedan no estar. Luego hay gente que crees que va a desaparecer de tu vida tarde o temprano, duela o no. Y te resignas, pero el tiempo pasa y un día te das cuenta de que siguen ahí. Como si nada hubiese pasado. Y a veces queda un eco que te dice que se van a ir pero ya te has hecho a la idea. Hay gente que no te sorprende que desaparezca o no te sorprendería que lo hiciese. Y gente que sabes que su pérdida sería insustituible e increíblemente dolorosa.

Pero a la larga todo son pérdidas.
Y todas duelen.



jueves, 6 de agosto de 2015

Donde sea, pero contigo.


Tú sabes que hay cosas que no pueden pasar. Y yo, que a ratos te creía o, al menos, te confiaba, hoy solo le tengo un miedo visceral a tu silencio, a tu misericordia, a tu regazo a tus inexistencias, tus espasmos, a tus ausencias que son ovnis... Parapléjicas, desesperadas, miopes. Hoy te tengo miedo hasta los huesos. A tu absurdo, a tu bocanada de cosmos y a tu aliento. Hay cosas que no pasan en tus sueños. Hay pecados que son tuyos. Solo tuyos. Por tu culpa, y tu infinita culpa por desaparecer. Hay cosas que no pueden pasar, tú lo sabes, y sin embargo, tengo entre las manos el olvido de todos tus universos, el recuerdo de lo que eras, a veces, sí, existías. Entonces cuando salgas (Si es que sales algún día de tu episodio de nada y del desconsuelo de tu ruina) voy a estar esperando (con mi miedo visceral y mi tristeza) Para mirarte a los ojos y que me expliques el por qué.



miércoles, 5 de agosto de 2015

Que el amor merezca la alegría y no la pena.


El café que aún no me has preparado, y que yo he dejado encima de la mesa sin beber, porque a mí no me gusta el café. La casa que aún no he visitado, las calles que se resisten a ser paseadas, las películas sin ver, las canciones sin oír, toda la literatura secreta que hay detrás de tus ojos, la cama que todavía no hemos deshecho: Los besos, abrazos y el insomnio de toda tu sangre golpeando la piel y la noche. Todo lo que no existe sino en el deseo doloroso y cálido de la distancia. Todo eso que aún no hemos vivido, todo eso que aún no somos y que ya nos está construyendo.



lunes, 3 de agosto de 2015

Elimina de tu vida a quien elimina tu sonrisa.


He arrancado de la estela de tu vientre, toda la vigilia dulce de la primavera. He amado en tu sangre toda mi sangre, he calcado tu piel toda en mi piel. He amado toda la palpitación de tu vida en mis manos, en mis sienes, en mi pecho. He amado ahora y contigo, toda esta soledad de las cosas sin nombre.



domingo, 2 de agosto de 2015

Si no era amor, era vicio. Porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso.


He decidido que como no existes lo que voy a hacer es inventarte. 

Voy a crearte partiendo de la nada, que es tu ausencia con el material de mi desconocimiento. Y así podré moldearte, darte forma, darte todo lo que tengo y lo que no,  para que cuando estés, cuando seas perfecto, y cuando ya no quede nada nada de mí en mí (porque lo haya todo en ti), puedas abandonarme.




sábado, 1 de agosto de 2015

Pronto aprendimos que el paraíso es más un momento que un lugar.


¿Te acuerdas de cuando te conocí?

Cuando tú no tenías esperanzas y yo no tenía horizontes. Cuando, a decir verdad no sé por qué, se supone que yo te di esperanzas. Supongo que porque tú encontraste un motivo en mí y yo lo encontré en ti. Porque llegamos a creer todo lo que decía el otro, y que lo que venía era mejor de lo que había pasado. Y toda la poesía y el dolor y la melancolía y los viajes y los abrazos. 

Dioses, a veces te echo infernalmente de menos, y pienso en todo aquello y se me antoja, imposible haberlo perdido.