miércoles, 19 de agosto de 2015
Todo vale la pena si te hace reír.
Ahora que sé que aquel año fue mucho más que un golpe de estado en Birmania, ahora que se saben claros los ojos, pequeña la boca y la herida, pequeñas también las manos que tocan y resbalan esta medida. Ahora que huelo las calles sin reconocerlas que pestañeo, silbo y canto y parece no haber ni tiempo ni espacio. Ahora que guardo el sabor de los aviones y los trenes y los billetes con fecha de ida y vuelta en el dorso de mis manos. Ahora que las monedas tienen más bordes que caras o más caras que cruces y la vida limpia de polvo los azulejos y los bolsillos de los pantalones se vacían llenos de pequeñas cosas tempranas. Ahora que tengo sueño de tantas vidas como no viví. Ahora que no es ahora y tengo tanto mundo que escribir.
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