domingo, 9 de agosto de 2015

Arriésgate a ser feliz.


El conejo blanco fue siempre la excusa que tuvo Alicia para echar a correr. Y correr es siempre la excusa de algo mucho más importante. No tiene por qué ser algo malo. El automático ejercicio de huir, acompasando piernas y brazos a la vez es saludable. Huye tú una o dos veces por semana, te lo aconsejarán, ya veras. Pero el descenso... ¡ay, el descenso! Como el de Alicia mientras caía en el pozo. Será lento, casi eterno. Aunque después de todo, mientras caes, siempre podrás preguntarte qué pasará luego.


Incluso antes del golpe se te concede la prórroga del conocimiento.




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