sábado, 15 de agosto de 2015
Me gustan las personas que dicen todo lo que piensan, pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen.
Qué nos lleva a ser estúpidos, me pregunto. Qué nos lleva a algunos a una lenta autodestrucción. Qué nos lleva al insomnio inducido, a no querer dormir, a no querer comer bien, a querer drogas, a querer que la vida nos pase por encima. Qué nos lleva a producirnos las heridas, a inducir castigo, a desear el dolor. Yo tengo una respuesta: La nada. El horror, la más absoluta nada. El saber, de alguna manera, que sin dolor no habría nada. No ser un lienzo en blanco, sino una criatura incierta encerrada en una habitación sin muebles y sin luces. Dándonos contra las paredes. Estar en el interior de un cubo sin luz. La única opción posible, el único atisbo de realidad, el único recuerdo de estar vivos es golpearnos contra la pared. Sentir el dolor. Darnos cada vez más fuerte. Recordar que no es mentira. Que estamos vivos.
Duele, sí.
Al menos duele.
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