viernes, 26 de junio de 2015
Amantes, probad el alma, es muy tierna. La carne tiene demasiado hueso.
Sería capaz de parar el tiempo -cerrando los ojos y todo.- Podría endeudar mi alma para siempre y coserla a tu cadera desnuda. Me desharía fácilmente de mis dudas mientras lloro y te enumeraría las razones que me unen inexplicablemente a tu sombra. Podría descubrirte mil hechizos de los que preparo cada noche loca y concederte privilegios o maldiciones que te ayuden a salvarme. Me sería relativamente fácil darle a tus promesas un aire eterno y subterráneo. Me atrevería a acariciar tu libertad, besar tu ansia y tus alas, llamarte de mil maneras y media, olvidarme de mares para subir al aire y mantenerme durante el tiempo justo que nos duran los deseos nuevos. Podría equivocarte, perderte, hacer que arriesgues por algo efímero y pasajero. Sería posible que echase a perder todo lirismo con un beso de más o arrugando tanto tu alma como tus sábanas. Podría quedarme sin aire que regalarte, estar de paso, cambiar la intensidad, e incluso, de dirección.
Tú decides.
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