lunes, 29 de junio de 2015

No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad.


Desde mis monosílabos te arrastro a veces, -como si fuese fácil inventar nuevas palabras- . Tus trisílabos comienzan arañando mi nombre para acabar fabricando sueños impares, o pares, porque ya da lo mismo que contemos dos o uno. Y perdona si esta niña capricho compromete tus sílabas escurridizas, que no pretendo colocar a mi antojo a tus silencios, porque he aprendido a escucharlos, a malograr con tus noches, y le he pillado el truco a tus huidizas charlas. Por eso es que me rindo y de mi boca solo permito que se escape un bisílabo con tu nombre.



No hay comentarios:

Publicar un comentario