Los gritos más desgarradores encuentran un lugar acogedor, casi siempre, en el profundidad del alma casi siempre, lejos de la razón. Y bajo el ocaso de nuestra mirada se deshacen de su disfraz de rutina de tristeza, de ira, o falsa alegría para bailar...y juntarse en la fiesta de la locura.
Los gritos más fuertes son los que se callan, y nos engañan que mueren con el silencio de la mañana.
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