jueves, 11 de junio de 2015

El tiempo. Todo. Locura.


Te seguiré queriendo también dentro de cincuenta años.  Veré tu mano empujando las bicicletas de nuestros hijos, acariciándoles el pelo cuando lleguen del colegio. Te escucharé consolarlos cuando estén tristes, les pondrás tiritas en las heridas, les besarás cuando lloren, les enseñarás a perdonar y a pedir perdón. Sonreiré -tal y como hago ahora- al verte aparecer por las esquinas,  por las puertas de la casa a la que llamaremos hogar.  Notaré tu cuerpo al lado del mío todas las mañanas, los dedos entrelazados bajo la almohada, tu aliento haciéndome cosquillas en la nuca.  A la mierda los modernos.  Te juro que en esta vida no quiero otra cosa.




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