Voy a estar preparada para cuando me llames.
Te voy a mirar de arriba a abajo con dulces pestañas para que te cuelgues de un salto y permanezcas dentro de mí, pero esta vez con mi permiso. Después, viajaremos juntos y me ayudarás a guardar recuerdos que hayan visto mis ojos y tus manos. Te tendré un tiempo columpiándote al ritmo de mis deseos y procuraré no maquillarme para no ensuciar tu azul cielo. Dormirás acunado en mis párpados y despertaré cada mañana cuando tu gesto lo indique. Pasaremos inviernos, veranos, playas, libros, poemas, duchas, humo y arrugas... Y camuflaré mis miedos con mala fortuna para dejar que te escurras y te lleves contigo para siempre el brillo que me has dado.
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