Todo un cementerio de ideas debajo de mí. Aplastándome. Con polvo y desuso con ruidos amargos y secos a los que no reprochar nada. Quiero escupirle a la cara a todos mis pulsos. Quiero unos ojos a los que dirigirme cuando pregunte para qué el camino.
¿Para qué se me mostró una línea amarilla si nunca iba a poder cruzarla?
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