El amor es como el pan, si lo guardas se endurece.
Cómo duele mirarte tan parado, tan perpetuo, mientras la luz se estrella contra tu piel. Cómo se quejan mis manos de no saberte, de no destrozarse en tu cuerpo. Cómo se me rompen las palabras y se desangran en tinta negra, seguras de no llegar nunca a decirte nada. Qué innecesario se vuelve mi tiempo, al saber que jamás moverás una sonrisa más por mí.
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