Un día alguien te va a abrazar tan fuerte, que todas tus partes rotas se juntaran de nuevo.
Querer tenerte para siempre ya no es suficiente. Si nuestras sonrisas juegan a esquivarse es el momento de la rendición, compañero. El amor debería parecerse a la marea. En lo continuo. En el ir y en el venir. En lo de colarse por los poros y dejarte brillito de sal pegados a la piel. No debería tener este sabor a máscara usada, malgastada y malvendida. No. No deberían haberse parado las olas. Ni tú. Ni yo.
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