No sé qué hacer con la tristeza, te lo digo porque siempre supe esconderla, pero ahora se me cargan las maletas que están recién hechas y se llenan de sentimientos mutantes, de caricias distantes, de caminos contrarios. Se nos atrapan las caricias en un mar de peros en distancia, en un mar de excusas, de discusiones, de pesadillas que siempre se hacen realidad. Yo que siempre supe qué decir... me olvidé de cómo hacerlo. Se nos acabaron las miradas y los sueños. El caso fue que jugamos con fuego por encima de nuestras quemaduras,y claro...
Al final solo somos lo que queda cuando dejamos de ser.
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