martes, 14 de abril de 2015

Un abrazo tan fuerte que te rompa los miedos.


Olvidarse de los ruidos es muy fácil, a veces. Cuando me miras como a lo nuevo y te descubro como a un niño ignorado. Tenderse de un mañana sin agujas de reloj, creer que soy la única incluso en otros brazos. No en mi cama, no en mi lunes. Estoy en tus huecos de excusas. En la música. En los retrasos razonables. Subo y bajo. Esta tarde, en mi cama, me mirabas desde tu infancia. Me he sentido inmensa cuando te has hecho inmenso dentro de mí. Me he olvidado en ti. Después has recogido tu amor. Te lo has llevado contigo. Me he pegado a su sombra, para seguir oliéndote. Para seguirte como en un bolsillo, agazapada y inquieta.

Cruzando los dedos.

Para no sentir frío.



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