Ya sabes que hay un rinconcito de mis miedos que te tiende una alfombra de estrellas hasta mí. Pero vete pensando que su brillo cada día es menos fuerte. Te has colado dos noches seguidas en mi cama y seguro que eso te pinta un aire de triunfo en la cara. Suerte que ya no tenga que ver tu pasmosa sombra.
No sonrías tanto, payaso, que aún vas perdiendo.
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