miércoles, 15 de julio de 2015

Con el tiempo aprendes a convivir con unos y a sobrevivir sin otros.


Es querer bailar con los pies descalzos sobre brasas ardiendo, la tristeza que sientes cada vez que cierras la puerta, despacio, cuando te vas de esa habitación a la que sabes que nunca vas a volver. Decir, con media sonrisa y media tristeza en los labios, que tú no puedes apostar más alto, que tan solo juegas a sobrevivir. Entiende que escribir que vives no es vivir. Todo esto es, no sé, es. Es la última mirada justo antes de que te arrolle el tren.





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