lunes, 6 de julio de 2015

Si por fuera tengo la mirada perdida es porque he encontrado algo por dentro.


Se conocieron en un andén,  al límite de todo y con el brillo etéreo del que puede cambiar de rumbo su vida.  Ella le confesó que era especialista en sortear adversidades y él le recordó aquella vez que tuvo que saltar tres mil piedras para llegar hasta los labios de ella. A la hora y dos cafés ella mantenía sus ojos fijos en las líneas que adornaban los de él y se preguntaba si, con los años, sumarían otra que llevara su nombre. Él le pidió más sonrisas y le rogó que no lo abandonase nunca a la rutina.  Ella supo, de golpe, que jamás entendería su forma de amarlo...




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