miércoles, 22 de julio de 2015

Me gusta la gente sincera que aprieta la mano, que mira a los ojos, que se emociona, q le sonríe a la vida.


Caminar dando tumbos hasta la derrota definitiva, hasta caer al suelo de bruces y desfigurarte la cara y romperte los huesos y quedarte ahí tirado hasta la muerte, que ya llegará, te dices, pronto vendrá, porque ni la vida ni la muerte pueden ser tan putas como para dejarte en el suelo eternamente.

Y, efectivamente, la muerte termina llegando, pero solo cuando la vida considera que ya te ha pisado lo suficiente.



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