La vida no es más que pulsar con ira la misma tecla de un piano desafinado. La música es tocar una y otra vez las mismas notas en otro orden, a otra velocidad. Las palabras por un orden u otro y con voces diferentes. Toda la literatura, el fragmento de un absoluto inabarcable. El arte la representación quebrada de la realidad. Todos los llantos y lamentos, los mismos. El ser humano, la masa de material humano. No somos genuinos ni para destruirnos a nosotros mismos. Qué importará nada, qué importará todo. El humo del cigarro consumiéndote los pulmones, el sabor amargo del alcohol, la luz tenue y la pared desnuda de ilusiones. El amor roto en la mesa, las esperanzas sucias en la basura. Que todo es muy sucio y no hay manera ni ganas de limpiarlo. Pero un día te resignas y entonces empiezas otra vez.
Respiras. Y vives. Y qué.
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